Casi por casualidad
Dicen que la CASUALIDAD es algo que no se puede prever ni evitar, y que ocurre sin una intención, pero... Agustín llevaba días queriendo hablar con Abril, pero la vergüenza se lo impedía. No encontraba la manera de acercarse a ella y romper el hielo. Como siempre que tenía un problema, lo habló con la abuela, que escuchó atentamente y le dijo: “A veces, a la suerte o a la casualidad hay que darles un empujoncito para que arranquen a andar”. El niño lo probó y…
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Descripción
Agustín lleva días extraño: serio, callado, mirando por la ventana con un mar de preguntas en el pecho. Algo le inquieta y ni siquiera tiene ganas de jugar. Su abuela Marina, que lo conoce como nadie, escucha con paciencia lo que al niño le pesa por dentro. Después de pensarlo, le regala un consejo que es casi una llave secreta: “A veces, a la suerte hay que darle un empujoncito.”
Con ese empujón en el corazón, Agustín decide actuar. A la mañana siguiente sale antes de casa, cambia su ruta habitual y se esconde como un pequeño espía para coincidir “casi por casualidad” con Abril, la niña que despierta todas sus dudas y sonrisas. Unas galletas de chocolate, un paseo compartido y una conversación tímida hacen que el día empiece a brillar.
Pero la vida, igual que la suerte, funciona en las dos direcciones. Cuando Agustín se pregunta cómo volver a acercarse a ella, es Abril quien da el siguiente paso: aparece con cromos de dinosaurios, justo los que a él le encantan. Porque a veces, sin planearlo, dos empujoncitos se encuentran en el camino.
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